TU CUERPO Y EL AMOR

El cuerpo es el ángel del alma

El cuerpo humano es hermoso. Estar corporizado es un gran privilegio. Te relacionas con un lugar a través de tu cuerpo. El lugar nos ofrece una patria; sin él, careceríamos literalmente de dónde, y en éste, la casa que llamamos nuestra, es nuestro lugar íntimo.

La casa es decorada y per­sonalizada; adopta el alma de sus habitantes y se vuelve es­pejo de su espíritu. Sin embargo, en el sentido más profun­do, el cuerpo es el lugar más íntimo. Tu cuerpo es tu casa de arcilla; es la única patria que posees en este universo. En tu cuerpo y a través de él, tu alma se vuelve visible y real para ti.

 

Tu cuerpo es la casa de tu alma en la Tierra

 

A veces parece existir una misteriosa correspondencia entre el alma y la presencia física del cuerpo. Esto no es ver­dad en todos los casos, pero con frecuencia permite vis­lumbrar la naturaleza del mundo interior de la persona. Existe una relación secreta entre nuestro ser físico y el ritmo de nuestra alma.

El cuerpo es el lugar donde se revela el alma. Es el ángel que expresa el alma y vela por ella; siempre debemos cuidarlo con amor. Con frecuencia se convierte en el chivo emisario de los desenga­ños y venenos de la mente, está rodeado por una inocencia primordial, una luminosidad y bondad increí­bles. 

Se cometen muchos pecados contra el cuerpo, incluso en una religión  se presenta al cuerpo como la fuente del mal, la ambigüedad, la lujuria y la seducción. Es un concepto falso e irreverente. El cuerpo es sagrado, Es el ángel de la vida.

 

EL MANANTIAL DEL AMOR INTERIOR

 

Puedes buscar el amor en lugares remotos y yermos. Es un gran consuelo saber que hay un manantial de amor dentro de ti. Si confías en que ese manantial existe, podrás incitarlo a despertar.

 

El siguiente ejercido podría ayudarte a adquirir conciencia de que eres capaz de hacerlo:

 

  • Cuando estés a so­las o tengas un intervalo, concéntrate en el manantial en la raíz de tu alma.
  • Imagina ese caudal nutricio de comunión, sosiego, paz y alegría.
  • Con tu imaginación visual, siente cómo las aguas refrescantes penetran en la tierra árida de ese lado desatendido de tu corazón.
  • Es bueno imaginarlo momentos antes de dormir. Así, durante la noche, serás bañada constantemente por ese caudal fecundo de comu­nión.
  • Al despertar, al alba, sentirás tu espíritu bañado de un gozo bello y sereno.

 

AMISTAD Y AMOR CON LIBERTAD

 

Una de las cosas más valiosas que debes conservar en la amistad y el amor, es tu propia diferencia. Lo que suele su­ceder dentro de un círculo de amor es que uno tiende a imitar al otro o a imaginarse recreando a su semejanza. Si bien esto puede ser indicio de un deseo de entrega total, es a la vez destructivo y peligroso.

En las relaciones suele aparecer una fuerza homogeneizante sutil y perniciosa. Lo irónico es que la atracción entre las personas suele de­berse a las diferencias. Por eso es necesario conservar y ali­mentar la diferencia.

El amor es también una fuerza luminosa que te libera para que habites plenamente tu diferencia. No hay que imitarse mutuamente ni mostrarse defensivo o protector en presencia del otro. El amor debe alentarte y liberarte para que realices plenamente tu potencial.

 

Conserva tu diferencia en el amor

 

Para conservar tu diferencia en el amor, debes darle mucho espacio a tu alma. Es interesante notar que, en hebreo, una de las primeras palabras que significa salvación tam­bién significa espacio.

Si plantas dos ár­boles muy juntos, se ahogarán mutuamente. Lo que crece necesita espacio. Dice Khalil Gibran: «Que haya espacio en vuestra unión».

El espacio permite que esa diferencia que eres Tú encuentre su propio ritmo y contorno. Yeats habla de «un pequeño espacio para que lo colme el aliento de la rosa». Una de las bellas áreas del amor donde el espacio es más hermoso es el acto del amor.

El amado es aquel a quien puedes dar tus sentidos en la plenitud del gozo, sabien­do que los acogerá con ternura. Puesto que el cuerpo está dentro del alma, ésta lo baña con su luz, suave y sagrada.

Hacer el amor con alguien no debe ser un acto pura­mente físico o de liberación mecánica. Debe abarcar la raíz espiritual que despierta cuando penetras en el alma de otra persona.

El alma es lo más íntimo de una persona. La conoces antes de conocer su cuerpo. Cuando alma y cuerpo son uno, penetras en el mundo del otro. Si uno pudiera corres­ponder de manera tierna y reverente a la hondura y belleza de ese encuentro, extendería hasta lo indecible las posibili­dades de gozo y éxtasis del acto de amor.

Esto liberaría en ambos el manantial interior del amor más profundo. Los reuniría externamente con la tercera fuerza de luz, el círcu­lo antiguo, lo primero que une las dos almas.

 

EL AMOR HERIDO

 

Uno de los grandes poderes del amor es el equilibrio, que nos ayuda a alcanzar la transfiguración.

 

Cuando dos per­sonas se unen, un círculo antiguo se cierra en tomo de ellos. Asimismo, no llegan a la unión con manos vacías, sino repletas de obsequios. Con frecuencia éstos donde están heri­dos; entonces despierta la dimensión curativa del amor.

Si amas de verdad a otro, lo baña la luz de tu alma.

La naturaleza nos enseña que la luz del sol hace crecer todas las cosas. Si contemplas las flores en un alba de primavera, verás que están cerradas. En el momento que el sol las toca, se abren confiadas y se entregan a la nueva luz.

Al amar amas a una persona que está muy herida, una de las peores cosas que puedes hacer es convertir su dolor en objeto de discusión. En estos casos, una extraña diná­mica despierta en el alma. Se vuelve un hábito, una pauta re­currente. Con frecuencia conviene reconocer la presencia de la herida, pero alejarse de ella.

Recuerda que existen mentes antiguas de renovación en el círculo que los une. El destino de tu amor jamás depende solamente de los recursos frágiles de las subjetividades de ambos.

 

Cada vez que tengas la oportunidad, báñala con la suave luz del alma.

 

Puedes invocar el poder curativo de la tercera fuerza lumi­nosa entre ambos; ésta puede aportar perdón, consuelo y cu­ración en tiempos escabrosos.

Cuando amas a alguien, es destructivo raspar obsesi­vamente la arcilla de tu arraigo. Es conveniente no interfe­rir en tu amor. Dos personas que se aman jamás deben sen­tirse obligadas a explicar su amor a un tercero o el porqué de su unión. Su comunión es un lugar secreto. Sus Almas conocen el secreto de su unión; deben confiar en ella. Si interfieres constantemente en tu conexión con el otro, con tu amante, poco a poco provocas una distancia entre los dos.

Thom Gunn ha escrito dos líneas con finísimos matices e infinitos puntos de vista.

“Su relación consistía

en discutir si existía”

Piensa que un análisis tan puntilloso puede volverste obsesiva, hasta el punto de destruir la presencia pura del amor y, en el reino del amor no hay competencia

Toda persona debería dar gracias por el amor desper­tado en su ser. Cuando sientes amor por la persona amada y el de la persona amada por tí, deberías buscar ocasiones para ofrecer ese calor como una bendición para los atribu­lados y faltos de amor.

Envía ese amor al mundo, a los de­sesperados, a los que padecen hambre, a los que están encerrados en prisión, en hospitales y en todas las circunstan­cias brutales de las vidas desoladas y torturadas. Cuando compartes esa riqueza de tu amor, éste llega a otros. En él reside la mayor fuerza de la oración.

 

LA ORACIÓN Y EL AMOR

 

La oración es el acto y la presencia de irradiar la luz de la riqueza de tu amor hacia otros para curarlos, liberarlos y ben­decirlos.

 

Bendición de amistad

 

Ojalá tengas buenos amigos.

Que aprendas a ser buen amiga de ti misma.

Que puedas llegar a ese lugar de tu alma donde residen un gran amor, calor, afecto y perdón y que esto te cambie y transfigure todo lo que hay de negativo, distante o frío en ti.

Ojalá te transporte a la verdadera pasión, familia y afinidad de la comunión.

Que atesores a tus amigos y amigas; que seas buena con ellos y estés allí cuando te necesiten; que te den todas las bendiciones, estímulos, verdad y luz que necesi­tes para el viaje y que nunca estés sola.

Ojalá estés siempre en el nido amable de la comunión con tu “anam cara” (unidad en la amistad)

Kahlil Gibran explica que el “anam cara” derrota incluso a la muerte: «Nacisteis juntos y juntos estaréis por siempre. Estaréis juntos cuando las alas blancas de la muerte esparzan vues­tros días. Oh, sí, estaréis juntos incluso en el silencioso re­cuerdo de Dios».

 

Si hay amor en tu vida compártelo

 

Si nos liberamos de cualquier concepto y comenzamos a vivir la existencia en unidad, donde somos uno dentro de la misma fuente, podríamos incluso, amar nuestras diferencias, el cuerpo que nos hace únicas y bendecir la existencia de las personas que amamos con la integridad del propio corazón.

La idea de Dante era, “el ritmo secreto del universo es el rit­mo del amor que mueve las estrellas y los planetas”

Si hay amor en tu vida, compártelo espiritualmente con los que se ven arrojados al borde mismo de la vida. La tradición celta sostiene que si proyectas la bondad que hay en ti o si compartes lo que hay en ti de bueno o feliz, te será devuelto multiplicado por diez mil.

En el reino del amor no existe la competencia; no hay posesividad ni control. Cuanto más amor entregas, más tendrás.

Sabiduría Celta