Los vaivenes de nuestra vida están íntimamente relacionados con nuestra percepción de la realidad. Si observamos de cerca nuestros cambios de humor, veremos que siempre hay algo que lo pone en marcha. Llevamos una realidad subjetiva que activa constantemente nuestras relaciones emocionales. Nos apegarnos a unas experiencias y rechazamos y evitamos otras, esto nos hace reaccionar a lo que nos pasa entregando nuestro poder en manos de los ocho Dharmas mundanos.

Solo encontraremos desequilibrio si vivimos en función de los ocho Dharmas mundanos. Cada uno tiene una contraemoción que puede ser desencadenante de una tormenta o un sueño irreal del que no queramos desapegarnos jamás. Los ocho Dharmas son:

  • Placer-dolor
  • Ganancia- pérdida
  • Fama-oprobio
  • Alabanza-culpa

Estos ocho Dharmas son inventados por nosotros mismos. Nos formamos un concepto de nosotros mismos que vamos construyendo poco a poco, y del que tenemos el anhelo de protegerlo. Sin embargo, no nos damos cuenta que los ocho Dharmas y lo que hacemos en relación a lo que nos ocurre, no es nada concreto, ni siquiera nosotros somos realmente muy sólidos. Estamos tratando de manejar una ilusión que desaparece.

Podemos procurar erradicarlos de nuestra vida, pero como todo lo que rechazamos se suele hacer más presente por la propia ley de atracción, quizás lo ideal sería conocerlos a fondo, ver como colorean nuestra percepción de la realidad y comprender que no son tan sólidos, convirtiéndolos en un medio para ser más sabios.

Para dar este paso de autoconocimiento hemos de ser valientes porque lo habitual es que nos guste estar del lado de las alabanzas, el placer, la fama y las ganancias. Nos gusta asegurarnos de que todo sale a nuestro favor. Pero al observar detenidamente, nos damos cuenta de que no tenemos control en absoluto sobre lo que ocurre, incluso, nos sentiremos atrapados en estas emociones, el sueño de que hemos ganado, adquirido, que somos alabados y nos sentimos reconocimiento, apegándonos a una ilusión, sin comprender que estar aferrados a este sueño nos llevará indudablemente a los otros cuatro extremos de los Dharmas. Son indivisibles, unos sin los otros no son nada. Podríamos preguntarnos:

¿Podemos en medio de la tempestad, o del placer, soltar y relajarnos?

En lugar de caer en nuestros patrones habituales ¿podemos explorar estos Dharmas en todo lo que hacemos?

Cuando nos sentimos inquietos y decidimos mirar de frente a la situación, vemos quienes somos realmente y lo que podría haber sido un problema o un sueño de fama se convierte en sabiduría.

La sabiduría incluye desapegarnos, soltar y relajarnos. El desapego incluye conocernos para dejar de huir o dejar de aferrarnos. Conocer nos hace intuitivos y compasivos con nosotros mismos. Nuestro enganche y nuestra repulsión, nos permite aprender sobre la raza humana y sentir una inmensa ternura por todos.

Nos veremos reflejados en cada uno de los seres que se acerquen a nuestra vida y sentiremos comprensión, desapego y un amor profundo por la sensibilidad humana. Todo comienza por mirar dentro, mirar porque nos sentimos inadecuados, doloridos porque nos aferramos a pequeños momentos de fantasía. Vayamos donde vayamos vernos la representación de los ocho Dharmas reflejándonos a nosotros mismos para que nos encontremos con nuestro centro. Empecemos por nosotros mismos.

Angélica Durán Ríos, mi percepción sobre palabras sabias de Pema Cödron